Hay personas,
que se dice, que quién las encuentra, encuentra un tesoro.. son los amigos, los
amigos verdaderos.
No los simples
compañeros de colegio o de pandilla con los que hoy estoy y mañana ni siquiera
se acuerdan de que yo existo.
No es ese tipo
de amigos que me quieren mientras tenga dinero para gastarles.
No esos amigos
o amigas que hoy dicen estimarme y mañana se burlan de mi o hablan de mi a mis
espaldas.
No ese tipo de
amistades huecas que existen solo mientras yo estoy de acuerdo en todo,
mientras hago lo que a los demás les gusta, mientras niego mi pensar y pacto
con todo lo que los otro disponen.
No. No me
refiero a ese tipo de amigos
Me refiero a
los amigos verdaderos, a esos que son capaces de escucharme, a esos con quienes
puedo mostrarme como soy, a esos con los cuales no tengo necesidad de mentir
para ser querido; a aquellos que disculpan mis errores, que me aceptan con mis
defectos, que me perdonan cuando fallo, que me comprenden cuando les cuento mis
problemas, que me sostienen cuando me siento caer, que me abrazan cuando lloro
y me exigen cuando me equivoco.
La amistad
también tiene compromisos: el compartir, la escucha, la comprensión, el respeto
profundo por el otro, el dialogo intimo y abierto y, sobre todo, la gratuidad,
porque la amistad es un amor que se da sin esperar nada a cambio.
Al encuentro
intimo con el otro sexo, y también al encuentro gratuito con esas personas que
con toda certeza puedo llamar amigos, amigos verdaderos, de esos que darían la
vida por mi.

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